“convocatoria abierta para informar sobre consejo ciudadano de cultura” horario 19.30 en salón de actos, “reunión abierta para informar sobre presupuestos participativos” horario 20.00 en auditorio “reunión informativa para informar sobre reglamento de participación de la localidad” a las 20.30 en biblioteca municipal”

Hace ya un par de meses que venimos encontrándonos con todo tipo de convocatorias que abren la vía de la participación ciudadana, aquella que parecía que nunca iba a salir a la luz, hace unos años(los de la pre-crisis) incluso era una propuesta osada, casi casi anti-sistema. Nadie y cuando decimos nadie hablamos de equipos de gobierno, ayuntamientos y corporaciones municipales, quería saberse nada de propuestas de participación. “¿Para qué?, si las asociaciones ya tienen subvención” “ no os preocupéis, si ya nos obliga el PGOU a realizar participación pública” estos eran algunos de los hits que oíamos a diestro y siniestro.

Parecía que la única forma de realizar procesos de participación iba a venir de la mano de aquellas personas que estaban confrontadas con su realidad urbana, es decir, vecinos que demandaban mejoras y propuestas para sus barrios, calles, equipamientos públicos o servicios. Y así iba a ir la cosa, entre tanto la profesionalización de una forma de hacer y gestionar nuestro territorio iba a quedar en un grito a la desesperada, en un voluntarismo(del que se lo pueda pagar) mal entendido donde no cabe posibilidad de crear las condiciones estables y dignas para poder dedicarse(en parte) a esto de la participación.

Pero resulta que ahora no sólo se habla de fomentar la participación, algo que ya sucedía antes (con gran asombro por nuestra parte de que haya gente tan osada por ahí) sino que además de lo que se trata es de iniciar los mecanismo que supuestamente fomentan la participación: consejos de ciudad, presupuestos participativos, reglamentos de participación…etc
“No queremos que se repita lo de siempre, queremos que la gente proponga cosas”, “decirnos qué queréis, para eso estamos” “vamos a cambiar esa forma de hacer clientelar” “europa lleva años moviendo la participación” sic…Ahora estos son los hit con los que nos encontramos cuando asistimos a reuniones institucionales donde se informa de iniciar procesos de participación ciudadana. No cabe duda de que la intención es buena, viniendo de donde venimos, sólo que seguramente por el camino nos hemos ido dejando muchas cosas o incluso ni se han contemplado, pues no ha habido momento de pensar y construir entre la noparticipación y la participaciónentodo. Y con esto empiezan a surgir una serie de preguntas ¿cómo va a participar la gente cuando el formato en el que se participa viene de estructuras heredadas que, ademas son las que se quieren cambiar? ¿desde que posición se participa y quienes van a garantizar que por el camino no se pierda la tan preciada participación? y ¿de verdad existen los mecanismos institucionales adecuados para que la participación provoque las sinergías adecuadas y no nuevas redes de relación clientelares?

Y nos hacemos estas preguntas porque nos llama la atención que en todas las reuniones a las que hemos acudido o hemos tenido noticia de ellas por gente que ha ido, se ha dado la misma situación: “vale, queremos que se participe de la ciudad y para ello os presentamos toda una serie de cronogramas de reuniones, esquemas de donde está cada uno en este proceso, protocolos de cuando hay que decir y cuando no”…en fin, una serie de mecanismos administrativos que aquello más que una reunión para empezar a formar parte de nuestro entorno urbano(y participar de él) parecen más bien reuniones para opositores a abogados del estado. Y repetimos, seguro que las intenciones son buenas, pero difícilmente se va a poder participar de la ciudad si para ello tenemos que presionar y hacer encajar nuestras vidas, dentro de ese cronograma de reuniones de representantes, miembros de consejo, comisión de seguimiento, votación…etc, que además nosotros no hemos decidido, que de nuevo viene impuesto por un ente que por ahora está donde lo dejaron, lejos, bien lejos.
Y puede ser que queramos que todo cambie enseguida y que ante una situación de urgencia (como ocurre con algunos procesos de participación en temas urbanos y de barrio) hay que moverse rápido pero también por esa misma razón, cada movimiento cuenta y por ello lo que se deja en cada paso debe de tener una estrategia, además de a corto plazo (de solucionar nuestro presente) sobretodo a largo plazo, en el futuro. De poder crear las condiciones que favorezcan un marco de acción abierto, horizontal, común para los cambios que se produzcan en la ciudad.

En este sentido, hay que indicar que cuando se inician procesos de participación es necesario reconocer que estos se mueven entre dos objetivos: uno, fomentar una cultura participativa activa e igualitaria y dos, crear las sinergías (lo que da valor añadido) necesarias para innovar en nuestras ciudades(y aquí le ponemos el tema que queramos: cultura, educación, sanidad pública..). Si en todos los foros se habla siempre de la participación como un proceso se debe a eso mismo, a que es un camino en el que cada colectivo social que forma parte de esa iniciativa construye colectivamente las formas en cómo llevar a cabo su participación dentro de un contexto determinado, es decir, de su ciudad, que contiene entre otras cosas; limitaciones, oportunidades, dinámicas sociales, rutinas heredadas…y que hay que reconocer previamente para poder actuar en consecuencia.

De poco sirve o un flaco favor se le hace a esta metodología, a esta nueva forma de gestionar la ciudad, si cuando queremos iniciar procesos de participación en nuestra ciudad los llenamos de mecanismo burocráticos que más que fomentar la acción social y las relaciones de comunicación entre los diferentes actores sociales de la ciudad, convierten a los procesos en un trámite tedioso al que sólo llegarán los más concienciados o los que como siempre, tienen mucho que perder o que ganar. Muchos son los ejemplos donde los concejales de turno se dedican el primer año de legislatura a meter con calzador procesos de participación, -muchas de las veces copiados de otros sitios-, que están llenos de deberes para el ciudadano, donde se busca sobretodo sincronizar agendas (todos a una hora aquí) para que al final del recorrido acabe todo en ese objeto fetiche que es la urna(o en su defecto la mano alzada).
Esa mirada parcial de los procesos participativos, provoca en muchos de los casos que se continúe funcionando como siempre, donde ese batiburrillo de cronogramas, jerarquías y estamentos acaban favoreciendo a unos en detrimento de otros, pues los que mejor saben manejarse en ese maremagnum de reuniones e instancias administrativas (por su profesión, por sus tiempos…etc) son los que acaban imponiendo una visión o una forma de hacer que poco o nada tiene que ver con como es y sobretodo como puede llegar a ser la ciudad a través de la participación de quienes la habitan.

En este sentido, sea hace necesario hablar de los procesos de participación como una estrategia de ciudad, donde verdaderamente se apueste por el cambio y la innovación, pues con ello encontraremos grandes ventajas, como son:
-diagnosticar nuestro entorno urbano y territorial para posteriormente identificarnos en la creación de un futuro común
-definir cómo nos queremos relacionar con nuestra ciudad y ante sus futuras transformaciones
-construir colectivamente una guía de cómo serán nuestras ciudades desde una mirada integrada y como queremos que sean, lo que les dará singularidad y por tanto valor
-fomentar las sinergías necesarias que provocarán procesos de innovación social en el territorio
-provocar una forma de gestión de los recursos territoriales redistribuida e igualitaria

Si se quieren iniciar procesos participativos de calidad se tendría que optar por tener una visión de los mismos como procesos a largo plazo, estratégicos, abiertos e integradores…donde el objetivo es el proceso como forma de construir un modelo de ciudad participativo que salga de la gente, y que sobretodo sea buscado por la gente.